Mamiya M645 1000s: la cámara del tiempo libre


¡Hola a todos!

Ya era hora de parar un poco de tanto trabajo y tomarnos todos unos buenos días de descanso. En el caso de muchos fotógrafos, en los momentos de tiempo libre a veces no nos apetece hacer muchas fotos, la verdad, y queremos contemplar el mundo con nuestros ojos y no a través de un visor, o al menos cambiar la escopeta. Personalmente diferencio mucho entre hacer fotos porque ‘tengo que hacerlas‘ y hacer fotos ‘quiero hacerlas‘, y llegado el momento de tener tiempo libre, lo que no me apetece es coger la digital.

Sin embargo, y dado que en fechas como estas solemos viajar –del modo que sea-, qué menos que llevar una cámara, pero ¿Qué llevar? ¿La pesada DSLR con la que trabajamos habitualmente? ¿Una pequeña mirrorless con la que generar cientos de raws que luego tendremos que procesar?

Pues obviamente, no hay nada escrito, y cada cual se llevará a dónde sea lo que más necesite en ese momento en función de sus circunstancias, y a mi lo que me sale coger cuando quiero relajarme y disfrutar de la fotografía es esta cámara, la Mamiya M645.

Esta máquina, producida en Japón entre el 76 y el 87, se convirtió rápido en una de las favoritas del formato medio entre los profesionales, tanto por su sencillez de manejo como por la calidad de sus ópticas. Se trata de una cámara de 6×4’5 cm de fotograma, es decir, aspecto 3:2, sólida y  dura, y con bastantes avances de alta gama.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y es que los objetivos Mamiya siguen siendo un referente de calidad. Yo los uso mucho adaptándolos mediante anillo a una 5D Mark III, y el resultado es bastante brutal. Para esta cámara dispongo de un 55 mm F 2’8 y un 110 mm F 2’8. En el caso del primero se trata de un ligero gran angular, lo que en el formato tradicional 24×36 sería aproximadamente un 30 ó  un 35 mm. En el caso del segundo equivaldría a un tele corto, algo así como un 90 mm del formato completo. El objetivo estándar para esta cámara, sería exactamente un 75 mm, y de hecho se vendía junto a un 80 mm F 1’9 que está bastante cotizado. El 55 mm nos brinda unos paisajes sin ningún tipo de aberración o distorsión, y el 110 mm unos retratos de aúpa, es uno de los objetivos con más acutancia que tengo, pero es que además tiene un desenfoque de locura, ya sabéis la pasión de los nipones por eso que llaman ‘bokeh‘.

Las diferentes combinaciones de visores, tanto de cintura como pentaprismas, nos hacen variar el punto de vista de nuestras imágenes, y si bien el pentaprisma nos incluye zapata de accesorios –incluso fotómetro– disponemos de conexión para flash de estudio en el propio cuerpo.

Esta versión, la 1000s, ya disponía de un obturador plano focal que llega hasta 1/1000 de segundo, un tiempo realmente corto, la sincronización, sin embargo, no pasa del 1/60s, algo bastante típico para la época, que se veía en otros modelos como la famosa Pentax K1000. En este modelo, algo superior a las primeras versiones, disponemos de una serie de mejoras como la previsualización de la profundidad de campo –las lentes pueden cerrar las palas a medida que movemos el anillo, o sólo en el momento del disparo para evitar oscurecer el visor– o el bloqueo de los disparadores. Si, en plural, tenemos un disparador en el frontal del cuerpo, junto al objetivo, muy cómodo si usamos un pentaprisma, y otro sobre el cuerpo, más práctico si usamos un visor de cintura. Gracias al selector de arrastre podemos hacer exposiciones múltiples, o salvar un disparo no deseado, armando el obturador sin que corra la película.

En caso de usar película de 120, tendremos 16 exposiciones, si cargamos la película bien, siguiendo el alineamiento de las flechas que nos indica el módulo de carga, las hace holgadamente. El sistema de apertura del chasis, además, es bastante seguro, teniendo que accionar varios mecanismos conjuntamente para evitar tragedias.

Estéticamente, nadie puede negar el atractivo de esta belleza japonesa, pese a sus buenos 40 años sigue trabajando como el primer día. El obturador funciona a través de una pila de óxido de plata, y para no dejarnos tirados sin darnos cuenta, nos incluye un tester de carga, ahora, os aseguro que dura rollos y rollos –llevo más de 30 sin cambiar la batería– incluso haciendo exposiciones de varios segundos de exposición –el dial nos permite hasta 8 segundos, más el modo Bulb-, además podemos actuar nosotros el espejo mediante una palanca, para evitar vibraciones a la hora de disparos críticos, lo que también ahorra algo de descarga a la batería.

Al igual que muchos sistemas de medio formato, Mamiya también apostó por una arquitectura modular, pudiendo partir de un cuerpo central al que añadir gadgets por todas sus caras, desde motores de arrstre, pantalas de enfoque, visores, empuñaduras, etc., con la salvedad de que en el caso de la Mamiya M645 no podemos cambiar el chasis a mitad de la película, y sólo podemos variar entre 120 ó 220.

Hoy en día podemos encontrarla por prácticamente lo que valía en la época, apenas se ha devaluado, desde los 300€ a los 800€ en el mercado de segunda mano, en función de los accesorios y el espado de conservación. Y como no podía ser menos, os dejo una imagen de mis favoritas tomada con ella.

Así que espero que ahora entendáis el porqué muchos soltamos nuestras cámaras digitales caras y modernas para volver a estos cacharros, y es que cuando se tiene tiempo libre para cocinar a fuego lento, es cuando de verdad se disfruta la fotografía.

Y vosotros, ¿Qué cámara usáis en vuestro tiempo libre?

¡Felices -mini-vacaciones!

Salud.

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