Fotografía de paisaje


Siguiendo la línea anterior de la fotografía de viajes parece que lo natural es continuar con otro campo –nunca mejor dicho- que sí constituye una disciplina propia dentro de la fotografía: el paisaje.

Durante toda la historia del arte podemos contemplar a grandes paisajistas, desde los más figurativos a los impresionistas. Y es que la naturaleza ha abrumado y embriagado al ser humano desde que éste existe.

Algo muy bueno que nos aporta la fotografía de paisaje es que es más inmediata incluso que el retrato; es más asequible en cuanto a dificultad y mucho más agradecida.

Lo primero que deberíamos matizar es que existen dos grandes tipos de paisaje, el natural –en el que todo el mundo piensa cuando escucha ‘paisaje’- y el urbano. Respecto al primero, quien más y quien menos ya ha hecho sus pinitos, y es que hoy en día, con las cámaras que incorporan los teléfonos, nadie puede resistirse a inmortalizar esa puesta de sol llena de colores. El segundo quizás está un poco más olvidado, o no lo llamamos paisaje como tal, pero es interesante ahondar sobre la huella del hombre en las ciudades, y los entornos por los que nos movemos.

IRL PAN 48

A continuación una serie de consejos o directrices sobre cómo mejorar tus fotografías, teniendo en cuenta, claro, que cada situación es diferente.

1 – Los objetivos.

Las ópticas recomendadas por antonomasia son los grandes angulares. Ya sabes, en función del formato de la cámara estaremos hablando de menos de 50mm para formato completo, y menos de unos 29mm para formato APS-C.

Los objetivos clásicos de paisaje son el 20mm y el 35mm –este último ya un poco largo- pero en la actualidad tenemos zooms angulares como el 16-35 o el 17-40 rectilíneos e ideales para esta disciplina.

PAN Portugal - 07

Como por lo general no querremos enfoques selectivos sino que buscaremos gran profundidad de campo, podemos usar el punto dulce de nuestro objetivo como apertura de referencia. El punto dulce es el diafragma de trabajo al que mejor rinde nuestro objetivo en cuanto a nitidez, aberración cromática y distorsión, y por norma general suelen ser dos puntos más cerrados de su apertura total, si nos pasamos cerrando podemos empezar a notar difracción, y eso no lo queremos.

2 – La composición.

Más adelante ahondaremos sobre composición, pero os podemos adelantar alguna cosa. La más destacable – y en realidad, sobre la que giran muchas otras- es la ley de los tercios.

Si dividimos la imagen con tres líneas imaginarias verticales y tres horizontales, obtendremos cuatro puntos de confluencia. Sirviéndonos de las líneas y de los puntos, podemos tender a colocar motivos y sujetos que queramos que cobren atención en esos espacios. Esto los hará resaltar y crearan cierta ‘tranquilidad mental’ en nuestras cabezas.

IRL PAN 45

También hay que tener en cuenta que la composición del paisaje es tradicionalmente apaisado –valga la redundancia- pero no por ello debemos descartar la posibilidad de componer en vertical, siempre y cuando esté justificado.

3 – El horizonte.

El horizonte es nuestra referencia con el mundo real, más en el paisaje, que tiene ese lenguaje horizontal, y un horizonte torcido –algunos lo llaman ‘borracho’- hace que el paisaje deje de ser algo contemplativo y nos cree cierta tensión visual.

Pablo G Romano_Dinamarca

Es rara la ocasión en la que un horizonte en un paisaje no esté perfectamente a plomo, y esté justificado, así que podríamos afirmar que cuanto más recto esté tu paisaje, mejor funcionará la imagen.

4 – Paisajes cerrados.

Cuesta ver el paisaje como un modelo al que añadir ciertos elementos compositivos, sin embargo, existe el recurso de ‘cerrarlo’. Por cerrarlo no entendáis que estamos sotechando el entorno, sino que lo estaremos enmarcando con elementos de su alrededor. Por ejemplo y para que lo veáis más claro, algo bastante frecuente en los paisajes urbanos es hacer una foto a través de un arco, o una ventana; en un paisaje rural o natural podemos usar árboles y sus ramas para que creen ese marco que realza el motivo principal.

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5 – Reflejos y simetrías.

El ritmo es algo que funciona de cine en la fotografía, ya hablaremos con más calma de ello, pero de momento debéis saber que en los paisajes a veces hablamos de reflejos y simetrías.

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En cuanto introducimos agua en la escena es fácil ver cómo funciona de bien que la imagen esté reflejada, repetida de alguna manera a la inversa, aportando estabilidad y coherencia a la fotografía.

6 – El momento.

Una cosa muy a tener en cuenta son las horas. La misma vista al amanecer, o a las tres de la tarde, no tienen nada que ver en cuanto a contraste, colores, etc. Durante los amaneceres podemos observar fenómenos como las primeras nieblas de la mañana y en los atardeceres una explosión de colores debido a la refracción de los rayos solares.

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También tienes que saber que cuanto mayor sea el rango dinámico de tu cámara, más colores será capaz de reproducir; los teléfonos por ejemplo, tienen poca capacidad debido a lo pequeños que son sus píxeles. Por eso a veces intentamos fotografiar un atardecer con el móvil y cuando lo vemos en la pantalla… No es lo mismo.

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Cualquiera puede hacer un buen paisaje, pero planificarlo, estudiar un sitio y acudir a la hora oportuna hará que incluso la gente que está habituada a verlo, lo vea de otra forma, como si fuera la primera vez.

¡Buena vida contemplativa!


3 respuestas a “Fotografía de paisaje

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