Porfolios y fotolibros


Las ventajas de la fotografía digital frente a la analógica son evidentes. Para empezar, la inmediatez de las imágenes, el abaratamiento de los materiales consumibles –relativamente-, el retoque y la edición mediante software, y la posibilidad de compartir tu trabajo a través de miles de canales… Por poner solo algunos ejemplos. Sin embargo, hemos perdido una cosa tan imprescindible, que casi parece mentira que hayamos dejado que suceda: las copias físicas.

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Efectivamente, antes al revelar la película, teníamos las copias para poder guardar en álbumes, y de vez en cuando, y sin depender de ordenadores, poder volver a verlas. Las nuevas generaciones de hecho han nacido en un momento en el que ya no hay esa tradición de mirar fotos en familia. Probablemente en algún momento de sus vidas se tengan que enfrentar al drama de perder datos de un disco duro y con ello todas sus fotografías ¿Recuerdas que hablamos sobre algunos trucos para evitar esa pérdida de datos?

No en vano, la industria, como en tantas otras cosas, ha tenido que reinventarse, y ha creado el concepto de fotolibro. Esto no es más que un álbum de fotografías digitales en lugar de los clásicos álbumes con acetatos para guardar las copias, cosa que por cierto, facilita mucho su visionado, ya que no hay hojas de plástico que se rompan, fotos sueltas o los clásicos ‘álbumes mix’ que contenían una suerte de batiburrillo de fotos perdidas de diferentes épocas.

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Empresas como el laboratorio alemán Saal Digital -del que ya he hablado alguna vezHofmann o Blurb, ofrecen soluciones económicas y de calidad para diferentes acabados y propósitos. Hay quien una vez al año, o después de un viaje, o de un trabajo o proyecto relevante, imprime un fotolibro, y os aseguro que tener algo físico es mucho más práctico y cálido que la pantalla de un dispositivo.

Hacerlos es bastante sencillo, si controlas programas de maquetación como InDesign, podrás encargarlos desde el mismo software. Y si no tienes ni idea, todos los laboratorios te ofrecen su propio programa, que suelen ser entornos muy sencillos, pero con las opciones necesarias para obtener buenos resultados.

Si quieres presentar un proyecto, quizás quieras usar uno de estos fotolibros a modo de porfolio, ya que un cliente, o una galería, o un editor, agradecerán siempre –e independientemente de que salseen vuestras redes y perfiles online- tener algo físico que poder tocar y disfrutar con calma.

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Si no sabes cómo hacer un porfolio, pero te suena bien el concepto, una buena idea previa es establecer qué tipo de proyecto vas a hacer. En función de a quién vaya dirigido deberías escoger una u otra opción. Eso sí, debemos tener un punto de vista muy objetivo y consultar con gente que entienda y gente que no sepa nada de fotografía para que os transmitan su opinión sobre la selección. Si somos demasiado democráticos con nuestras imágenes, e incluimos absolutamente todas nuestras fotografías, y algunas muy parecidas o de la misma temática, podemos caer en el error de crear un ladrillo que no le apetezca ver a nadie. Intentad no saturar, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Si por ejemplo quieres acceder a una agencia de fotógrafos, o quieres promocionarte como la persona profesional que eres, puedes hacer un fotolibro dividido en varias secciones con las diferentes disciplinas que manejas, moda, retrato, producto, paisaje, viajes… De esta forma, será una buena carta de presentación polivalente para diferentes medios.

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Por otra parte, puede que quieras especializarte en algo muy concreto, como la fotografía de producto. En ese caso, saca tus mejores imágenes de objetos y ordénalo por proyectos claros, a no ser que tengas un estilo muy concreto, como por ejemplo la productora Fragmento Universo, que a través de los colores pastel e imágenes limpias, crea un hilo conductor muy marcado.

Otra opción, si como hemos dicho anteriormente, tienes un estilo muy concreto, o un proyecto muy definido y cerrado, puedes hacer un pequeño ‘libro de artista’, donde muestres el proyecto al completo. En función de la cantidad de estos libros que encargues, o de los sitios donde los hagas, quizás consigas abaratar la unidad y acabar vendiéndolos como ediciones numeradas.

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Desde luego, a todo el mundo le llega el momento de tener que organizar su obra de alguna manera, y si tienes una proyección profesional en el mundo de la fotografía, ve pensando en cómo te lo vas a montar.

Sin embargo, algo que probablemente se haya perdido para siempre es dedicar fotografías por la parte posterior, y seguro que cualquiera tiene por casa alguna cajita con estos pequeños tesoros, eso sí, sólo aptos para románticos como un servidor.


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